5.Algunas aplicaciones prácticas.

A continuación vamos a mencionar algunas áreas concretas que estimamos podrían verse enriquecidas como resultado de la aplicación sistemática a las mismas del enfoque de la eficiencia dinámica que hemos propuesto en este trabajo. Como es lógico, no se trata de presentar ningún análisis, siquiera sea medianamente definitivo ni mucho menos exhaustivo, sino tan sólo de apuntar algunas ideas, en todo caso provisionales, sobre unas líneas de investigación que parecen muy prometedoras y que quedan abiertas a la futura labor de aquellos investigadores que terminen estimando que el análisis de la concepción dinámica de la eficiencia económica puede ser fructífero e interesante.

En primer lugar, debemos referirnos a la teoría impositiva. Ya hemos visto el importantísimo papel que los beneficios (y las pérdidas) empresariales (puros) tienen a la hora de orientar la acción creativa y coordinadora de los empresarios. De hecho, estos beneficios son la señal clave que orienta e impulsa el proceso de mercado que lleva hacia la eficiencia dinámica. Pues bien, si los beneficios empresariales se distorsionan por razones fiscales, puede afectarse gravemente a todo el proceso de eficiencia dinámica (es decir, a la creatividad y a la coordinación) generándose así un elevado coste en términos de pérdida de eficiencia dinámica. Este coste se superpondría al denominado por la doctrina “exceso de gravamen” y que corresponde, como es bien sabido, y en la óptica del análisis económico del equilibrio, a la pérdida de eficiencia estática y que es la que hasta ahora se ha analizado con carácter exclusivo por la teoría de la imposición óptima(56) . El objetivo, por tanto, consistiría en no gravar los beneficios empresariales puros con la finalidad de impulsar la eficiencia dinámica. Hay que reconocer que este objetivo de política económica presenta, en todo caso, grandes problemas prácticos, que surgen del hecho de que en casi todas las circunstancias reales los beneficios empresariales puros siempre aparecen indisolublemente mezclados con otras fuentes de renta (del trabajo, del capital, de la tierra, etc.). Pero estas dificultades deben servir como acicate para el analista y el investigador que, deseosos de impulsar la eficiencia dinámica, traten de encontrar nuevos procedimientos impositivos y de desarrollar reformas fiscales que minimicen su impacto negativo sobre los beneficios empresariales puros y, por tanto, sobre la creatividad y la coordinación empresarial (57).

En segundo lugar, la teoría del intervencionismo (es decir, el análisis económico de la coacción institucional) también puede enriquecerse con la aplicación sistemática del enfoque dinámico. Aquí de lo que se trataría es de efectuar una revisión de todos los actos de intervención económica y regulación para, en la medida en que se plasmen en restricciones al libre ejercicio de la función empresarial, dar pie al análisis de sus posibles efectos en términos de ineficiencia dinámica. Igualmente, el diagnóstico de los problemas de ineficiencia que genera el intervencionismo económico ha de permitir idear reformas que de manera más o menos paulatina puedan llevarse a cabo con la finalidad de eliminar las trabas a la creatividad y a la coordinación actualmente existentes, impulsando así la eficiencia dinámica del sistema.

La legislación de defensa de la competencia,en tercer lugar, puede verse con una perspectiva completamente diferente si se aplica el enfoque de la eficiencia dinámica. Y es que desde el punto de vista de los procesos dinámicos del mercado impulsados por la empresarialidad, y en ausencia de trabas institucionales al libre actuar humano en cualquier ámbito empresarial, el proceso de rivalidad entre los empresarios en muchas ocasiones desemboca en que sean solamente unos pocos (e incluso un único) productores los que temporalmente preponderen en determinadas circunstancias específicas de tiempo y lugar que se dan en el mercado. Esto, lejos de indicar un (supuesto) “fallo del mercado” sería, por el contrario, una de las manifestaciones más típicas del éxito de dichos empresarios a la hora de satisfacer, mejor que los demás, los deseos de los consumidores (es decir, de descubrir y concebir nuevos productos, cada vez de más calidad y de colocarlos en el mercado a un precio cada vez más reducido). De manera que una legislación restrictiva en el ámbito de la “defensa” de la competencia, podría tener altos costes en términos de eficiencia dinámica, en la medida en que los empresarios potenciales descuenten a priori que en caso de tener éxito (en la introducción de una determinada innovación, en el lanzamiento de un producto, o en la conquista de un mercado), los resultados de su creatividad les puedan ser intervenidos o incluso expropiados total o parcialmente por parte de los poderes públicos. Los ejemplos de Microsoft y otros son de plena actualidad y están en la mente de todos por lo que no es necesario referirse con más detalle a los mismos. Y algo parecido a lo anterior puede decirse en relación con muchas otras prácticas como, por ejemplo, los acuerdos de precios entre oferentes, el reparto de mercados, la venta conjunta de bienes, los acuerdos sobre distribución en exclusiva, etc., que aunque puedan considerarse como medidas restrictivas desde el punto de vista de la eficiencia estática que hasta ahora ha informado, con carácter dominante, la legislación sobre “defensa” de la competencia, puede ser que tengan todo el sentido del mundo desde el punto de vista de la concepción dinámica de la eficiencia económica que protagoniza los procesos reales de mercado(58).

La teoría económica del subdesarrollo, en cuarto lugar, es otro ámbito de aplicación de la teoría de la eficiencia dinámica que es muy importante. Aquí el objetivo clave de política económica consistiría en estudiar qué reformas pueden hacerse para eliminar trabas e impulsar la función empresarial de los países pobres. Y es que el empresario es, sin duda alguna, la figura protagonista en todo proceso de desarrollo económico, por lo que resulta al menos chocante, constatar cuántos miles y miles de páginas se han escrito inútilmente en el ámbito de la teoría económica del subdesarrollo, al ignorar completamente al protagonista de los procesos de crecimiento (el empresario) y ni siquiera mencionar el papel de la función empresarial en su doble faceta creativa y coordinadora. En este sentido los teóricos neoclásicos de la teoría del crecimiento y del subdesarrollo han de considerarse en gran medida responsables, por acción y omisión, de que muchas políticas económicas llevadas a cabo en los países subdesarrollados no hayan adoptado las medidas necesarias de protección, fomento e impulso de las clases empresariales, tanto autóctonas como las constituidas por aquellos extranjeros que deciden ejercer la función empresarial y apostar por aquellos países que son precisamente los que más lo necesitan, al encontrarse sus pobladores más próximos a un nivel de mera subsistencia económica.

En quinto lugar, el ámbito de la macroeconomía, en general, y de la teoría monetaria, en particular, también puede verse enriquecido adoptando el punto de vista de la eficiencia dinámica. Ya desde Carl Menger sabemos que el dinero surge de forma evolutiva y consuetudinaria, impulsado por la genialidad empresarial de unos pocos que descubren, antes que los demás, que consiguen mejor sus fines demandando a cambio de sus bienes y servicios un medio de intercambio fácilmente comercializable en el mercado. En la medida en que este comportamiento pautado se generaliza y se convierte en habitual surge el dinero como medio de intercambio generalmente aceptado. El dinero, por tanto, no sería necesario en un hipotético modelo de equilibrio repetitivo estática y perfectamente eficiente, puesto que en tan irreales circunstancias, al no existir un futuro incierto nadie necesitaría mantener saldo de tesorería alguno. Es, por el contrario, en la vida real plagada de incertidumbres futuras, a su vez resultado de la creatividad empresarial que constantemente crea nueva información y modifica todos los datos y circunstancias del mercado, en la que es imprescindible mantener saldos líquidos para hacer frente a un futuro continuamente cambiante e incierto. Luego el dinero, por un lado, surge de las incertidumbres que genera la creatividad empresarial y, por otro lado, hace posible que los seres humanos desarrollen su función empresarial creativa y coordinadora, al permitirles enfrentarse con el máximo de opciones abiertas al siempre incierto futuro. Ahora bien, en esta perspectiva es importante que las instituciones monetarias no dificulten los procesos de coordinación empresarial, haciendo con ello difícil el alcanzar el objetivo de eficiencia dinámica. Así, por ejemplo, si la creación monetaria en forma de expansión crediticia permite la financiación inicial de proyectos de inversión a un ritmo desacompasado con el del crecimiento real del ahorro voluntario de la sociedad, entonces surgirá una grave descoordinación o desajuste intertemporal entre el comportamiento de inversores y consumidores. Este desajuste se manifestará, inicialmente, en una burbuja de inversión especulativa financiada por la inflación fiduciaria que terminará afectando a los precios de los bienes de capital que tenderán a elevarse desproporcionadamente. Ese proceso de burbuja expansiva tarde o temprano terminará, no obstante, revirtiéndose en forma de una recesión económica en la que se pondrán de manifiesto los errores empresariales cometidos y la necesidad de reconvertir y reestructurar los procesos de inversión erróneamente emprendidos(59) . Queda, por tanto, abierto un interesante campo de investigación consistente en la evaluación de las actuales instituciones monetarias y crediticias a la luz de la concepción de la eficiencia dinámica que hemos presentado en este trabajo y que, eventualmente, habrá de plasmarse en el diseño de una serie de reformas que, a la vez que favorezcan la creatividad empresarial, impulsen la coordinación intertemporal dificultando la aparición artificial de los desajustes que hasta ahora de forma recurrente vienen afectando a las economías de mercado desde que el sistema bancario moderno basado en la reserva fraccionaria se desarrolló a comienzos del siglo XIX.

En sexto, y último lugar, el análisis económico del derecho, de las normas jurídicas y de las instituciones sociales que hasta ahora se ha llevado a cabo exclusivamente en base a los postulados tradicionales del análisis económico del equilibrio, necesita, quizás más que ningún otro ámbito de la economía, una completa reelaboración incorporando las nuevas intuiciones y aportaciones que sólo la concepción dinámica de la eficiencia puede proporcionar. De esta manera podrán evaluarse de forma completamente nueva las distintas normas jurídicas e instituciones sociales, en función de su capacidad para impulsar la creatividad y la coordinación empresarial. Así, el análisis económico del derecho contractual, de la responsabilidad civil, del derecho de patentes, copyrights y marcas, el análisis económico de la familia, etc., se enriquecerán muchísimo con el enfoque dinámico y en general lo mismo sucederá con cualquier otro análisis económico de las normas e instituciones que se encuentran más próximas a la realidad social que nos rodea y que, por su propia naturaleza, son siempre esencialmente dinámicas.

Como es lógico, los anteriores ejemplos e ilustraciones no agotan, ni muchísimo menos, las posibilidades de aplicación de la concepción dinámica de la eficiencia económica que, como hemos indicado, puede y debe utilizarse en cualesquiera de los ámbitos de la economía tanto teórica como aplicada. Nuestra máxima esperanza es que las ilustraciones anteriores sirvan como acicate a los jóvenes estudiosos e investigadores de nuestra disciplina y que, como consecuencia de su esfuerzo, sus aportaciones se vean enriquecidas y coronadas con el éxito.

 


Jesús Huerta de Soto
Catedrático de Economía Política
Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

“Sólo podrá reproducirse total o parcialmente el contenido de este trabajo citando expresamente a su autor y al medio en donde fue originalmente publicado (indicado, en su caso, en la sección de bibliografía del Curriculum vitae). A quienes incumplan esta condición les serán aplicados las leyes civiles y penales que correspondan, a parte de las procedentes indemnizaciones por daños y perjuicios”.

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(56) Según el análisis estático tradicional se suponen constantes y conocidas las funciones de oferta y de demanda, por lo que se estima que pueden calcularse las correspondientes elasticidades que son necesarias para la aplicación operativa de la regla de Pigou: la imposición óptima sería aquella inversamente proporcional a la elasticidad de la curva de demanda de cada bien compensada por su respectiva renta.

(57) También dentro del campo de la Hacienda Pública, el enfoque propuesto evidencia la inexistencia en términos dinámicos de bienes públicos (en la medida en que los problemas de oferta conjunta y exclusión del consumo tienden a ser detectados y solucionados por la creatividad empresarial) por lo que desaparece la que hasta ahora se consideraba principal justificación teórica de la existencia del Estado.

(58) Kirzner (1999), pp. 67-77. Sobre el carácter dinámicamente eficiente de las colusiones entre empresas privadas que no sean incentivadas directa o indirectamente por el estado, debe consultarse a Salin (1996), pp. 29-42.

(59) A analizar estos fenómenos he dedicado todo mi trabajo Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, Unión Editorial, segunda edición, Madrid 2002. Incidentalmente, el abandono de la hipótesis sobre la eficiencia y equilibrio de los mercados de capitales dará lugar a toda una reelaboración de la ya obsoleta.