1. Ciencia y conocimiento 11

PRIMERA PARTE

CONCEPTO Y MÉTODO

CAPÍTULO I
CIENCIA Y ECONOMÍA

 


1. CIENCIA Y CONOCIMIENTO

El deseo de conocer es consustancial a la naturaleza humana. No sólo se trata de que el mayor conocimiento o información tenga una indudable importancia práctica, sino que proporciona, igualmente, una satisfacción directa al hombre. Aristóteles, en su Metafísica,(2) pone de manifiesto cómo todos los hombres desean por naturaleza saber. Y diferentes estudios psicológicos (3) ubican el deseo por aumentar el conocimiento y comprensión junto con las necesidades estéticas de más alto nivel, cuya satisfacción es fuente íntima de un gozo que no se sacia nunca (4), y cuya frustración puede incluso causar importantes problemas psicológicos.

Pues bien, el conocimiento no sólo proporciona una gran satisfacción directa y una importante utilidad práctica, sino que, por otro lado, es apropiable a nivel individual, se encuentra disperso en la mente de todas las personas que constituyen la sociedad y se transmite de unos seres humanos a otros a través de complicados procesos sociales. Más adelante tendremos la oportunidad de analizar el importante papel que el conocimiento o información ha adquirido como objeto de investigación de la ciencia económica y por qué se estudia con una atención creciente por parte de los economistas. Sin embargo, antes es preciso que repasemos, siquiera sea brevemente, algunas notas características del análisis que efectúa la Filosofía en relación con los distintos ámbitos del conocimiento.

Tradicionalmente la Filosofía (5) estudia el conocimiento en tres ámbitos distintos: el de la metafísica, que se ocupa de lo existente y su naturaleza; la epistemología, que analiza cómo se puede llegar a conocer y estudia el fundamento del conocimiento; y la lógica, que trata de lo que sea la verdad, la relación entre los distintos conceptos y de cómo se pueden obtener conclusiones válidas, esto es, razonar con corrección. La epistemología, como teoría del conocimiento, a veces se diferencia de la gnoseología, que trataría sobre el conocimiento no científico.

Siguiendo a Ferreter Mora (6), en la epistemología se podrían distinguir cuatro partes distintas, que son las relativas al proceso del conocimiento, su posibilidad, su fundamento y sus distintas formas.

La fenomenología del conocimiento es la que se ocupa de estudiar el proceso por el cual se llega a conocer. El protagonista de este proceso es el sujeto que aprehende un objeto. Por aprehensión se entiende la captación como base para decir algo acerca del objeto que se llega a conocer. Por otro lado, la fenomenología ha diferenciado entre distintos tipos generadores de conocimiento, que pudieran ser emotivos, intelectuales, sensibles, etc., esbozando diferentes teorías en relación con dichos generadores.

En lo que se refiere a la posibilidad del conocimiento, existen diferentes opciones que han ido desde el escepticismo extremo, para el cual el conocimiento no es posible, hasta el dogmatismo más estricto, en virtud del cual el conocimiento no sólo sería posible, sino que las cosas serían tal y como se ofrecen al sujeto que conoce. La postura más adecuada, en este contexto, parece ser la de un escepticismo moderado, que se centraría básicamente en el problema del origen del conocimiento, y la del dogmatismo atemperado preocupado sobre todo por la validez del conocimiento que se adquiere.

En lo que se refiere al fundamento del conocimiento existen, igualmente, dos posturas extremas entre las cuales caben todo tipo de graduaciones: el empirismo y el racionalismo.

El empirismo mantiene que el fundamento del conocimiento se encuentra en la realidad sensible. En su modalidad más radical no sólo el saber acerca de la realidad se apoya en las impresiones sensoriales, sino que incluso “las realidad no sensibles”, tales como los números y formas geométricas, tendrían asimismo una fuente sensorial. Existe también un empirismo moderado que tiene su origen en Locke, para el cual las impresiones de los sentidos proporcionan la base del conocimiento sobre la que después se articularán ideas más generales. Hume, por su parte, es a menudo calificado de empirista, simplemente por señalar la importancia de la experiencia sensorial, así como de todo tipo de evidencia y sentimientos que experimenta el sujeto cognoscente y que archiva en su memoria. Sin embargo, Hume es más bien clasificable como un racionalista crítico muy próximo a Hayek, más que como un empirista extremo. Otras variantes del empirismo serían el empirismo lógico, el dialéctico y el integral.

Frente al empirismo, el criterio racionalista parte de la conciencia para ir a la realidad externa que se aprecia sensiblemente al poderla entender e interpretar gracias al pensamiento o idea previamente construida en la mente. A su vez, existen diferentes tipos de racionalismo según que se considere o no al pensamiento como una realidad a conocer. Así, existe una versión racionalista, clásica y exagerada, vinculada a nombres como Descartes, Leibniz y Hegel, que dan paso a distintas formas de idealismo, y que se alejaría de un racionalismo más realista y prudente, centrado en el objeto del conocimiento.

Según F.A. Hayek (7), existen dos grandes tradiciones de racionalismo, sobre todo en lo que respecta a la investigación en las ciencias sociales. Por un lado, distingue un racionalismo “falso”, exagerado y no científico, según el cual es posible a la razón del hombre llegar a saber mucho más de lo que ésta realmente es capaz. Aparece así una postura que califica de “cientista”, que sería el fundamento de ciertas formas exageradas de utilitarismo extremo, así como del socialismo y del intervencionismo racionalista que surgen a raíz de la Revolución Francesa en 1789. De acuerdo con el “cientismo”, la mente del hombre lo puede todo, ha creado deliberadamente todas sus instituciones y es capaz, por tanto, de modificarlas a su antojo. Frente a este racionalismo exagerado, Hayek defiende como racionalismo verdadero y correcto aquél que, ante todo, reconoce los propios límites de la razón humana. Este racionalismo “humilde” y prudente denuncia al cientismo y reconoce que el hombre se aprovecha de múltiples instituciones que no han podido ser creadas deliberadamente por la razón del ser humano, sino que son el resultado de un largo proceso evolutivo en el que han intervenido de manera espontánea y descentralizada un infinidad de personas. Este racionalismo crítico que depura de sus excesos al cientismo o racionalismo exagerado, tendría su origen en la escuela liberal anglosajona (especialmente Hume), justifica las tesis de Savigny en contra de Thibaut en la famosa polémica sobre la codificación de las leyes, y en el campo también estrictamente jurídico es contrario al positivismo Kelseniano (8).

En lo que se refiere a las formas del conocimiento, la epistemología distingue entre el conocimiento analítico o a priori (9), en el cual el predicado de cualquier enunciado está incluido en el mismo como uno de sus atributos, y el conocimiento sintético o a posteriori, que es aquél que procede de la experiencia y que añadiría un saber “adicional” al enunciado. Por otro lado, aunque muchos discutan la existencia de juicios sintéticos a priori, que son condiciones previas del conocimiento que añaden un importante saber adicional a los enunciados, tienen una importancia fundamental en relación con los axiomas de la economía, y también de la matemática y de la física.

De interés en lo que se refiere a las distintas acepciones de la fundamentación del conocimiento y de sus formas son los Cursos de Filosofía de Ortega y Gasset publicados en 1984 (10). Para Ortega, la cognoscibilidad de las cosas derivaría de que el cognoscente lleva a ellas la cualidad de ser esto o lo otro. Es decir que el conocimiento no es sino conocimiento de las cosas en el que se da la extraña circunstancia de que, al pensarlas, se cae en la cuenta de que “eso ya lo sabía”. Las percepciones sensoriales son siempre nuevas, mientras que la aportación que procede del ensimismamiento es apriorística, aunque no está claro que sea innata. En este mismo sentido se manifiesta F.A. Hayek (11) en su conocida obra sobre psicología, para el cual el conocimiento siempre es a priori, pues nuestra mente posee una estructura o conjunto de categorías de clasificación que permite interpretar el conocimiento que nos viene de fuera a través de los sentidos. Este conjunto de estructuras de clasificación sería, de acuerdo con Hayek, un resultado del propio proceso evolutivo de la especie humana. De esta manera Hayek ha resuelto y ha hecho compatible el apriorismo metodológico que defiende, con el racionalismo crítico y ponderado basado en la importancia de la evolución que, siguiendo a Hume y a Menger, ha elaborado y desarrollado a lo largo de toda su vida científica.

Se ha dicho que frente a conocimientos de tipo mitológico o poético, que se basan en la analogía imaginativa, al conocimiento resultado de la acción o experiencia, y al conocimiento de tipo técnico o pragmático, el conocimiento científico constituye el nivel más “elevado” del conocimiento pues, hipotéticamente, sería capaz de dar cuenta de los estratos “inferiores”, así como del suyo propio. En el próximo apartado, cuando establezcamos claramente las distinciones esenciales entre el conocimiento práctico y el científico, tendremos la oportunidad de criticar esta extendida opinión. En todo caso, ahora conviene señalar que el conocimiento científico es producto de una empresa humana colectiva, en la que los protagonistas son los científicos, que hacen aportaciones individuales que después la crítica mutua y la cooperación intelectual se encargan de depurar, ampliar e impulsar. El objetivo es el de lograr un consenso racional de opinión entre los miembros de la comunidad científica, que se supone se comportan honradamente entre ellos, en el sentido de que van siguiendo a rajatabla las reglas establecidas por Merton (12) en cuanto a la forma de presentar sus trabajos y evaluar los de sus colegas. En suma, el conocimiento científico, a diferencia de los otros productos intelectuales de la humanidad, es consensible, esto es que sus enunciados se pueden comunicar, a la vez que consensual, en el sentido de que los hechos y principios establecidos pueden ser aceptados como válidos por una mayoría contundente de científicos bien informados, que de esta forma pueden llegar a un acuerdo intersubjetivo.

Jesús Huerta de Soto
Catedrático de Economía Política
Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

 

“Sólo podrá reproducirse total o parcialmente el contenido de este trabajo citando expresamente a su autor y al medio en donde fue originalmente publicado (indicado, en su caso, en la sección de bibliografía del Curriculum vitae). A quienes incumplan esta condición les serán aplicados las leyes civiles y penales que correspondan, a parte de las procedentes indemnizaciones por daños y perjuicios”.

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(2)“Todos los hombres desean por naturaleza saber … no sólo para actuar, sino también cuando no pensamos hacer nada.” Metafísica de Aristóteles, edición de Valentín García Yebra, Editorial Gredos, Madrid, 1972, p. 2.

(3)H. Maslow, Motivación y Personalidad, Editorial Sagitario, Barcelona, 1975.

(4) Así, entre otros, F.A. Hayek se ha referido a “the gain which I still regard as the greatest of all that the university can give: the discovery that to learn, to come to understand things, can be the greatest of human pleasures, and the only one that will never be exhausted”. F.A. Hayek, “On Being an Economist”, cap. 2 de The Trend of Economic Thinking, The Collected Works of F.A. Hayek, W.W. Bartley y S. Kresge (eds.), Vol. III, Routledge, Londres, 1991, p. 43. Este artículo ha sido traducido por Enrique Viaña Remis y publicado con el título de “Ser Economista” en la Revista de Economía, Consejo General de Colegios de Economistas de España, nº 13, 1992, pp. 6-12.

(5) Sobre el concepto de la Filosofía como “saber transcendental” y su origen etimológico (philosophia o “gusto por el saber”) debe consultarse a Xavier Zurbiri, Naturaleza, Historia y Dios, 5ª edición, Madrid, 1963, pp. 27 y 99-106.
(6) José Ferreter Mora, Diccionario de Filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1986, volumen I, pp. 596-603, y volumen II, especialmente las pp. 959-961.
(7)F.A. Hayek, “Kinds of Rationalism”, Studies in Philosophy, Politics and Economics, Simon & Schuster, Nueva York, 1987, pp. 82-96.

(8) La Fatal Arrogancia: Los Errores del Socialismo, volumen I de las Obras Completas de F.A. Hayek, Unión Editorial, Madrid, 1990, pp. 13-31.

(9) Julián Besteiro, Los juicios sintéticos “a priori” desde el punto de vista lógico, Ediciones de “La Lectura”, Madrid, 1912. En Jesús Huerta de Soto, “Método y Crisis en la Ciencia Económica”, Hacienda Pública Española, nº 74, 1982 estudio la existencia y transcendencia de los juicios sintéticos a priori en el campo de la economía (pp. 18-21).
(10)José Ortega y Gasset, ¿Qué es el conocimiento?, editorial Revista de Occidente, Madrid, 1984.

(11)F.A. Hayek, The Sensory Order; An Enquiry into the Foundations of Theoretical Psychology, The University of Chicago Press, Chicago, 1976, especialmente las pp. 142 y ss.

(12)R.K. Merton, La Sociología, Alianza Editorial, Madrid, 1973.