1. La corriente Marxista y la reacción Neo-Ricardiana 143

PRIMERA PARTE:
CONCEPTO Y MÉTODO

CAPÍTULO III

PROGRAMAS DE INVESTIGACIÓN EN LA CIENCIA ECONÓMICA

En el presente capítulo vamos a estudiar el paradigma marxista-neoricardiano y el paradigma neoclásico, explicando sus principales características diferenciadoras y analizando de qué manera podrían enriquecerse y, en su caso, superarse dando entrada al punto de vista de la concepción dinámica de los procesos de mercado expuesta in extenso en el capítulo anterior. Terminado este análisis defenderemos, en todo caso, un sano pluralismo metodológico o, si se prefiere, un “mercado libre de ideas” en el que los distintos enfoques puedan probarse y ser desarrollados con libertad y compitan entre sí intentando explicar cada vez mejor la realidad y atraerse el apoyo y adscripción de un número mayor de científicos. Finalmente, dedicaremos la última parte del capítulo a exponer en qué consiste el punto de vista del análisis económico del derecho y de las instituciones, que tanta importancia ha adquirido en los últimos años, particularmente en los Departamentos de Economía Aplicada que, como en el caso de la Universidad Rey Juan Carlos, van a desarrollar su labor en el ámbito de una Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.

1. LA CORRIENTE MARXISTA Y LA REACCIÓN NEO-RICARDIANA

Método y evolución

Metodológicamente, la corriente marxista parte de dos textos del fundador que son, por un lado, su breve ensayo sobre “El método de la economía política”, incluido en los Grundrisse (2) de 1857-1858, y de otro lado, el “Prólogo” a la segunda edición de El Capital de 1873 (3) . De tan sucinta base de partida, se construyen el objeto y el método de la Ciencia Económica según la corriente marxista, que consistiría en abstraer de la realidad hasta detectar la ley que preside el movimiento de la sociedad para, posteriormente, y mediante la aplicación de un procedimiento de aproximaciones sucesivas, aportar los elementos que harán más cercana a la realidad la relación destacada. El enfoque deja, por tanto, de ser individual, y se convierte en colectivo, de manera que la unidad relevante de análisis es la clase social y el punto de vista del investigador decidirá la validez científica de las proposiciones y los estudios que haya de evaluar.

Es preciso que el investigador no sólo aprenda las técnicas y conceptos, sino que también absorba completamente la conciencia proletaria.(4) Y es que, de acuerdo con la corriente marxista, el polilogismo es inevitable, de manera que la lógica de la mente del investigador variará según cuál sea la clase social a la que el mismo pertenezca, por lo que es imprescindible compartir la correcta conciencia proletaria, junto con el método genético, crítico, materialista y dialéctico, cuyo producto es puramente histórico y no atemporal, dado que da lugar a las leyes generales de la historia propias de cada modo de producción.(5)

Hay que tener en cuenta que el marxismo es algo más que una corriente de la economía, ya que somete nuestra disciplina a una ciencia global de la sociedad que, aunque se apoye en las aportaciones de la escuela clásica, introduce tales elementos de diferenciación procedentes de la filosofía dialéctica y de las concepciones socialistas, que se configura como un paradigma globalmente diferente en el que no hay voluntad de diferenciar el estudio de la economía del de la sociedad en su conjunto.

La historia del paradigma marxista muestra algunos momentos de florecimiento polémico, como cuando tuvo que defenderse de los ataques de Wicksteed y, sobre todo, de Böhm-Bawerk (6), generándose una polémica muy intensa que se inició con la contundente crítica que este último autor efectuó de la teoría marxista de la explotación. Posteriormente destaca la polémica en torno a la imposibilidad del cálculo económico en las economías socialistas, en la que Oskar Lange, Dickinson, Durbin y Maurice Dobb se opusieron a Mises, Hayek y Robbins (7). Como se observará, en las dos polémicas más transcendentales en las que se ha vista envuelta la corriente marxista, ésta ha tenido básicamente enfrente a teóricos de la Escuela Austriaca, más que a miembros de otras escuelas (incluyendo a los propios economistas neoclásicos). Y es que ambos paradigmas, el austriaco y el marxista, coinciden en cuanto al ámbito global que reclaman para sus investigaciones (el uno a través de una teoría general de la interacción humana y el otro, tratando de explicar holísticamente “la sociedad” y su evolución histórica), y se respetan suficientemente entre sí como para reconocer en qué lugar está cada uno y entablar polémicas frontales, venciendo así esa tendencia del paradigma neoclásico dominante a ignorar y extender la ley del silencio a los enfoques alternativos que no entiende bien, o cuyas implicaciones políticas no comparte.(8)

Temas de análisis en el marxismo moderno

Los principales temas de análisis del marxismo moderno han venido siendo la concentración del capital, su carácter imperialista y los problemas técnicos de la planificación, a los que se han añadido los del proceso de desarrollo. En la actualidad, el marxismo como tal, y con independencia de las aportaciones sobre investigación operativa y criterios de asignación que se efectuaron con el objetivo de facilitar la planificación de las economías socialistas, se manifiesta a través de tres campos centrales de investigación: primero, la exégesis y desarrollo de los temas centrales que constituyeron el pensamiento del fundador y su adecuación a las nuevas circunstancias, formalizándolo y contraponiéndolo frontalmente a las otras corrientes; en segundo lugar, el estudio de los procesos de desarrollo económico, ligados al fenómeno de concentración del capital (en este campo, destacan, sobre todo, las aportaciones de Sweezy y Baran (9), Furtado (10), Emmanuel (11), Amin (12) y Palloix (13), así como toda la dilatada obra de Maurice Dobb) (14); y en tercer lugar, la crítica sistemática de la economía de mercado, más bien apoyada en los escritos sociológicos del joven Marx, efectuada por autores como Cherry (15) y O’Connor (16).

La vigencia del pensamiento marxista, con las mejoras en la formalización de J.E. Roemer (17), parece que se mantiene a través de la corriente postmarxista que comparte, en la síntesis de S. Bowles (18), el énfasis en las relaciones de clase y un método en el que juega un papel limitado la distinción entre variables endógenas y exógenas. La corriente postmarxista difiere, desde el punto de vista analítico, en el recurso a la formalización y conceptualmente cuestiona el economicismo anterior centrado en la teoría del valor trabajo y en la concepción del trabajo como una mercancía más, considerándose éste más como una práctica que como una mercancía, de manera que la tasa de beneficio se analiza como dependiente de las relaciones de poder ente el capital y los trabajadores, el Estado y los agentes económicos exteriores (19).

Análisis del paradigma marxista

En otro lugar he mantenido la tesis de que Marx estaba tan influido y obsesionado por el modelo clásico de ajuste y equilibrio ricardiano que toda su teoría, en última instancia, trata de justificar un equilibrio normativo, en el sentido de que, de acuerdo con Marx, puede y debe forzarse una “coordinación” desde arriba, impuesta coactivamente por el proletariado, y que acabe con las características típicas del capitalismo (20).

Sin embargo, hay que resaltar que, paradójicamente, y en cuanto al análisis positivo y detallado de las realidades económicas del sistema capitalista, Marx se centra básicamente en el estudio de los desequilibrios y desajustes que se dan en el mercado, de forma que la teoría marxista es ante todo una teoría del desequilibrio que, en ocasiones, tiene incluso unas muy llamativas coincidencias con el análisis de los procesos de mercado desarrollado por los economistas de la Escuela Austriaca en general y por los propios Mises y Hayek en particular.

Así, curiosamente, Marx hasta cierto punto entendió de qué manera el mercado, como orden espontáneo e impersonal, actuaba como un proceso creador y transmisor de información que hacía posible una cierta coordinación en la sociedad. En efecto, en los Grundrisse se lee: “… puede afirmarse que precisamente la belleza y grandeza del mercado radica en su espontánea interconexión, en ese especial metabolismo material y mental que es independiente del conocimiento y de la voluntad de los individuos y que presupone su recíproca independencia e indiferencia. Y, ciertamente, esa conexión objetiva es preferible a la ausencia de toda conexión, o a conexiones de tipo meramente local basadas en los lazos de la sangre, o en relaciones de tipo primitivo, natural o de esclavitud” (21). Es más, Marx explícitamente reconoce el papel que juegan las instituciones a la hora de permitir la adquisición y transmisión de información práctica en el mercado y la importancia que tienen para el conocimiento de los agentes económicos: “Junto con el desarrollo de la alienación se hacen esfuerzos para superarla: surgen instituciones donde cada individuo adquiere información sobre la actividad de los demás, intentando ajustar la suya convenientemente … Aunque la oferta y demanda totales son independientes de la acción de cada individuo, cada uno intenta informarse sobre las mismas, de forma que este conocimiento en la práctica a su vez influye sobre el total de la oferta y la demanda”.(22)

Ahora bien, si Marx condena al mercado es, precisamente, porque lo contrasta con un sistema económico “ideal” en el cual los individuos son capaces de subordinar todas sus relaciones sociales a un control comunal de tipo centralizado y coactivo, que se supone hará posible que todo el proceso social sea el resultado de una organización consciente y deliberada y no, como ocurre en el mercado, un proceso impersonal no diseñado ni controlado conscientemente por nadie y, por tanto, “alienante”. Además, este control organizado de la sociedad ha de llevarse a cabo mediante la detallada elaboración a priori de un plan, que permita organizar toda la sociedad, de la misma manera que un arquitecto dibuja con todo detalle los planos de su edificación antes de construirla (23). Es, por tanto, a través de este exclusivo contraste entre la “anarquía” de la producción propia del orden espontáneo del mercado y la “perfecta organización” que se supone resultaría de la planificación central, como Marx critica el capitalismo y defiende el sistema socialista que, según el, inexorablemente lo sustituirá.

Cronológicamente en el tiempo, la primera crítica fundamental que recibió el paradigma marxista provino del análisis crítico de la teoría de la explotación efectuado por Eugen von Böhm-Bawerk. En efecto, Böhm-Bawerk puso en primer lugar de manifiesto que, en contra de lo que sostenían Marx y el resto de los teóricos de la explotación, no es cierto que todos los bienes económicos sean producto del factor trabajo. Por un lado, existen los bienes de la naturaleza que, siendo escasos y útiles para alcanzar fines humanos, constituyen bienes económicos aunque no incorporen trabajo alguno. Por otro lado, es evidente que dos bienes, aun incorporando una cantidad idéntica de trabajo, pueden tener un valor muy distinto si es que el período de tiempo que conlleva su producción es diferente. Además, y en segundo lugar, el valor de los bienes es algo subjetivo, puesto que, como ya hemos explicado al hablar del proceso de formación del enfoque subjetivista, el valor no es sino una apreciación que el hombre realiza al actuar proyectando sobre los medios la importancia que cree que tienen para alcanzar un determinado fin. Por eso, bienes que incorporen una gran cantidad de trabajo pueden tener un muy reducido valor, incluso no valer nada, si con posterioridad el actor se da cuenta de que carecen de utilidad para alcanzar cualquier fin. En tercer lugar, los teóricos del valor trabajo caen en el razonamiento circular, puesto que si el trabajo determina el valor de los bienes económicos y aquél a su vez, se encuentra determinado, en lo que a su valoración se refiere, por el valor de los bienes económicos necesarios para reproducirlo y mantener la capacidad productiva del trabajador, resulta que se termina razonando circularmente, sin que se llegue nunca a explicar qué es lo que determina, en última instancia, el valor. Y por último, en cuarto lugar, y éste es el argumento esencial descubierto por Böhm-Bawerk, es evidente que los defensores de la teoría de la explotación desconocen de manera flagrante la categoría lógica de la preferencia temporal y, por tanto, el hecho de que, a igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre tienen un valor superior a los bienes futuros. Resultado de este error es que pretendan que al trabajador se le pague más de lo que realmente produce, cuando argumentan que se le haga efectivo hoy, cuando desempeña su trabajo, el valor íntegro de un bien que sólo estará disponible cuando se haya terminado su proceso productivo, es decir, después de un período de tiempo más o menos prolongado (24).

Sin embargo, el ataque más letal contra el corazón mismo del paradigma marxista no fue el efectuado por Böhm-Bawerk, sino el que realizó posteriormente su mejor alumno, Ludwig von Mises, al demostrar que el socialismo implica una imposibilidad lógica. En efecto, Mises parte de coincidir plenamente con Marx a la hora de considerar que en el equilibrio, y suponiendo que toda la información fuera objetiva y estuviera disponible para el órgano central de planificación, no haría falta dinero o medio de intercambio alguno. Ahora bien, el argumento esencial de Mises sobre la imposibilidad del socialismo no se refiere a un tan hipotético como imposible modelo de equilibrio en el cual no se producen cambios y todos los desajustes sociales han desaparecido al ser coactivamente coordinados desde arriba por un órgano central de planificación poseedor de toda la información relevante. Para Mises, en estas circunstancias, que nunca pueden darse en la práctica, no existiría problema alguno de cálculo económico en el régimen socialista. La aportación esencial de Mises consiste, por el contrario y precisamente, en haber demostrado que es teóricamente imposible que en el mundo real un órgano central de planificación pueda coordinar coactivamente la sociedad. En este sentido, la aportación de Mises no sólo pone de manifiesto la imposibilidad lógica del socialismo, sino que es el argumento teórico definitivo en contra de Marx.

Es fácil apreciar que el error esencial de Marx radica, de acuerdo con lo demostrado por Mises, en confundir los conceptos de información práctica e información científica, por un lado, y por otro lado, en pensar que la información práctica que genera la sociedad tiene un carácter objetivo y puede ser “absorbida” y asimilada por el órgano central de planificación. Marx ignora el carácter subjetivo, privativo, disperso, tácito y no articulable de la información práctica que con detalle hemos explicado en el capítulo anterior, y no se da cuenta de que, desde un punto de vista teórico, no sólo es imposible la coordinación centralizada y coactiva de los desajustes sociales, sino que, además, el desarrollo y creación constante de nueva información es un resultado exclusivo del proceso empresarial capitalista que se ejerce en un mercado libre y que no es reproducible de manera coactiva y centralizada. Es decir, el surgimiento de nuevas tecnologías, productos, métodos de distribución y, en general, la generación de nueva información empresarial sólo es lógicamente posible a través del proceso espontáneo de mercado que Marx tanto criticó, y que es impulsado por la fuerza creativa de la empresarialidad. Y en este sentido, se da la paradoja de que, desde su propio punto de vista, el socialismo marxista es un socialismo utópico, pues una adecuada concepción de la naturaleza de la información que se crea y utiliza en el mercado nos lleva inexorablemente a la conclusión de que es imposible que éste, por sus propias fuerzas de evolución y desarrollo técnico y económico, lleve hacia un orden social que se base en la organización centralizada y coactiva de toda la información práctica (25).

Y es que, desde la óptica del argumento original de Mises, es claro que la posibilidad de organizar eficientemente una empresa se encuentra ineludiblemente limitada por el tamaño de la misma: siempre existirá un determinado tamaño crítico a partir del cual el volumen y tipo de información que necesite el órgano gestor para dirigir eficientemente su empresa será tan grande y complicado que sobrepasará con mucho sus capacidades interpretativas y de comprensión, por lo que cualquier crecimiento adicional tenderá a ser ineficiente y redundante. Es decir, en un mercado libre nunca se podrá verificar una completa integración vertical en relación con las etapas de cualquier proceso productivo, pues ello impediría que se llevara a cabo el necesario cálculo económico. Por tanto, Mises no sólo demostró la imposibilidad del cálculo económico en un régimen socialista, sino que, como consecuencia de su análisis, también puso de manifiesto que en el mercado existe una ley económica que fija un límite máximo al tamaño relativo de cada empresa. Este argumento de Mises demuestra que la teoría de Marx, según la cual existe una inexorable tendencia en el sistema capitalista que lleva hacia la concentración de las empresas es errónea: la concentración empresarial no tenderá a ir mas allá de aquel punto a partir del cual las exigencias de conocimiento o de información por parte del órgano encargado de la gestión sean tales que superen su propia capacidad de comprensión. Si una firma continuamente amplía su tamaño, llegará un momento a partir del cual se encontrará en una situación cada vez más difícil, en el sentido de que tendrá que tomar sus decisiones cada vez más “en la oscuridad”, es decir, sin poder disponer de la necesaria información para descubrir y evaluar las diferentes alternativas de producción o cursos de acción que podrían someterse a su control. Careciendo de la ayuda de la información que proporcionan los precios de mercado y la función empresarial ejercida por los competidores, su comportamiento será cada vez mas arbitrario y redundante y, por tanto, menos competitivo.(26) La planificación central, por tanto, no puede considerarse como el inexorable resultado de la futura evolución del capitalismo: la propia evolución del mercado fija un límite a la posibilidad de centralización de cada empresa establecido, precisamente, por la capacidad de asimilar información por parte de sus órganos gestores y por el desarrollo cada vez más profundo, complejo y descentralizado de la división social del conocimiento.

Se cierra así el círculo de la refutación teórica de Marx, refutación que se inició cronológicamente con el análisis crítico de Böhm-Bawerk sobre la teoría marxista de la plusvalía o de la explotación y la teoría objetiva del valor trabajo que, como hemos visto, pusieron de manifiesto importantes insuficiencias del análisis crítico marxista contra el capitalismo. El círculo se completa y cierra con la aportación de Ludwig von Mises que, en nuestra opinión, supone un proyectil demoledor en contra de Marx, al poner de manifiesto que el sistema alternativo socialista es teóricamente imposible, por hacer inviable el cálculo económico, argumento del que también se deduce, como importante subproducto o corolario, la demostración de que es falsa la teoría marxista sobre el proceso de concentración capitalista (27).

La corriente neo-ricardiana

Dejando de lado la escuela institucionalista que comparte con la escuela marxista el análisis crítico de la economía de mercado, es preciso reconocer una “Segunda Génesis” (28) de la corriente marxista que se produce en este siglo de la mano de Piero Sraffa y del resto de los economistas de su escuela neo-ricardiana.

La escuela neo-ricardiana comparte con muchos teóricos de la escuela austriaca su posicionamiento crítico respecto del paradigma dominante. Pero así como los austriacos critican a los neoclásicos por no ser suficientemente “subjetivistas”, los sraffianos los critican por no incorporar en sus trabajos la teoría objetiva del valor de la escuela clásica anglosajona. La obra clave de Sraffa es su libro Producción de Mercancías (29) por medio de Mercancías en el que proporciona un tratamiento más riguroso que el tradicional marxista sobre la plusvalía. En efecto, Sraffa parte de considerar las interrelaciones input-output en un modelo de equilibrio general de mercancías que se auto-reproducen “solas”, y elabora unas ecuaciones de producción y cantidades de producto que, suponiendo un salario real igual para todas las ramas de la producción, pretenden demostrar que las ecuaciones de demanda carecen de significación en la determinación de los precios de equilibrio (30) y que los precios vienen determinados por las condiciones tecnológicas de la producción, por lo que la distribución del producto social es previa e independiente del propio proceso productivo (31).

En nuestra opinión el principal defecto del paradigma neo-ricardiano radica no sólo en su rechazo del subjetivismo y en la eliminación de la acción humana individual como protagonista de todos los procesos sociales, sino en haber elaborado, en la mejor tradición marxista, un simple modelo de equilibrio sin conexión alguna con el mundo dinámico real y que no explica los procesos espontáneos de coordinación que gracias a la función empresarial existen en el mercado (32).

Conclusión

Aunque el marxismo ha crecido en el campo fértil de la crítica, su ortodoxia se refiere casi exclusivamente a cuestiones de método, y ello podría capacitarla para un nuevo relanzamiento si es que se dieran ciertas condiciones adicionales. En primer lugar, sería preciso la aceptación de la validación de toda proposición, con renuncia a estigmatizarla a priori inquisitorialmente en razón de la postura personal o clase social del investigador. Es decir, es preciso, ante todo, que los marxistas abandonen el escudo protector del polilogismo, de acuerdo con el cual la estructura lógica del investigador varía según su clase social, siendo permisible rechazar de plano todas las conclusiones y análisis científicos de los investigadores que no compartan la conciencia de clase proletaria. Y en segundo lugar, sería preciso la aceptación general de un determinado lenguaje que facilitara la comunicación y comprensión de argumentaciones con los otros científicos. En todo caso, las críticas efectuadas al paradigma marxista, y que hemos resumido en las páginas anteriores, aún no han recibido, en su mayor parte, contestación y la caída de los regímenes comunistas del Este de Europa ha supuesto un motivo adicional para que los cultivadores de este paradigma se replanteen a fondo sus postulados esenciales.

 

Jesús Huerta de Soto
Catedrático de Economía Política
Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

“Sólo podrá reproducirse total o parcialmente el contenido de este trabajo citando expresamente a su autor y al medio en donde fue originalmente publicado (indicado, en su caso, en la sección de bibliografía del Curriculum vitae). A quienes incumplan esta condición les serán aplicados las leyes civiles y penales que correspondan, a parte de las procedentes indemnizaciones por daños y perjuicios”.

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(2)Karl Marx, Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy, Random House, Nueva York, 1973. Traducido y publicado en Méjico por Editorial Siglo XXI con el título de Elementos Fundamentales para una Crítica de la Economía Política, 1972.

(3)Karl Marx, El Capital: Crítica de la Economía Política, traducción de Wenceslao Roces, Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1973, pp. xvii-xxiv; existe otra traducción de Cristián ¡Error! Marcador no definido.Fazio, publicada en la extinta Unión Soviética, Editorial Progreso, Moscú, 1990, pp. 15-24.

(4)Véase, por ejemplo, L. ¡Error! Marcador no definido.Althusser y E. ¡Error! Marcador no definido.Balibbar, Para leer El Capital, Editorial Siglo XXI, Méjico, 1969

(5)E..Mandel, Traité d’Économie Marxiste, Unión General de Editores, París, 1967.

(6)Rudolf Hilferding, Böhm-Bawerk’s Criticism of Marx, Paul M. ¡Error! Marcador no definido.Sweezy (ed.), Orion Editions, Filadelfia, 1984. Traducido al castellano con el título de “La Crítica de Böhm-Bawerk a Marx”, en Economía Burguesa y Economía Socialista, Cuadernos de Pasado y Presente, Córdoba, Argentina, 1974. Y entre nosotros Manuel ¡Error! Marcador no definido.Montalvo Rodríguez, Historia y Alienación de las Ideas Económicas, Editorial Hesperia, Jaén, 1981, pp. 198-206.

(7)Sobre la mencionada polémica, debe consultarse a Jesús Huerta de Soto, Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, ob. cit. especialmente los capítulos IV-VII. Igualmente es de gran interés el trabajo de Donald Lavoie titulado Rivalry and Central Planning, Cambridge University Press, Cambridge, 1985. Entre los autores que defendieron la postura socialista en este debate Maurice Dobb fue el más coherente, mientras que Lange, Dickinson y Durbin intentaron efectuar una síntesis del socialismo con el paradigma neoclásico que fue muy criticada por Dobb y otros marxistas.

(8)“Cuando alguna teoría se desprecia, se obtiene alguna otra derivación ideológica que a la postre termina siendo una útil parábola sobre el bien y el mal”. Manuel Montalvo Rodríguez, Historia y Alienación de las Ideas Económicas, Editorial Hesperia, Jaén, 1981, p. 9. Montalvo Rodríguez efectúa en este libro una buena síntesis del paradigma marxista (especialmente en las pp. 129-172) que, sin embargo, no insiste en las profundas diferencias metodológicas y de paradigma que existen entre la Escuela Austriaca, por un lado, y el paradigma neoclásico dominante por otro.

(9)Baran, P.A. y Sweezy, P.M., El Capitalismo Monopolista, edit. Masperó, París, 1968.

(10)Furtado, C., Dialéctica del Desarrollo, Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1965, y Teoría y Política del Desarrollo, edit. Siglo XXI, Méjico, 1968.

(11)Emmanuel, A., El Intercambio Desigual: Ensayo sobre los antagonismos en las relaciones económicas internacionales, edit. Siglo XXI, Madrid, 1972.

(12)Amin, S., La Acumulación a Escala Mundial: crítica de la teoría del subdesarrollo, edit. Siglo XXI, Madrid, 1974.

(13)Palloix, C., Las Firmas Multinacionales y el Proceso de Internacionalización, edit. Siglo XXI, Madrid, 1975.

(14)Maurice Dobb, Economía Política y Capitalismo, Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1974; Welfare Economics and the Economics of Socialism: Towards a Commonsense Critique, Cambridge University Press, Cambridge, 1975.

(15)Cherry, R., “El Sesgo Ideológico de la Teoría Tradicional”, Revista de Economía Política, año VII, nº 1, 1977.

(16)O’Connor, J., Estado y Capitalismo en la Sociedad Norteamericana, ed. Periferia, Buenos Aires, 1974.

(17)John E. Roemer, Analytical Marxism, Cambridge University Press, Cambridge, 1986 (versión castellana del Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1989); y también, más recientemente, Market Socialism: The Current Debate, J.E. Roemer y P.K. ¡Error! Marcador no definido.Bardhan (eds.), Oxford University Press, Nueva York y Oxford, 1993; y The Future of Socialism, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 1994.

(18)Bowles, S. y ¡Error! Marcador no definido.Ginlis, H., “The Revenge of Homo Economicus: Contested Exchange and the Revival of Political Economy”, Journal of Economic Perspectives, vol. 7, nº 1, 1993.

(19)Otra aportación de gran interés metodológico en la corriente que comentamos es el libro de Martin ¡Error! Marcador no definido.Hollis y Edward J. ¡Error! Marcador no definido.Nell titulado Rational Economic Man, Cambridge University Press, Cambridge, 1975. Este trabajo es una crítica filosófica de la economía neoclásica desde una perspectiva marxista, pero utilizando un lenguaje y forma de razonar más comúnmente aceptados por los economistas. En última instancia, los autores realizan una crítica de la economía neoclásica y una defensa del apriorismo lógico-deductivo muy parecidas a las efectuadas previamente por los miembros de la Escuela Austriaca. Además, Hollis y Nell piensan que la economía marxista puede reconstruirse de forma lógico-deductiva a partir de un axioma distinto al de la acción humana que es el punto de partida utilizado, como ya sabemos, por los economistas austriacos. Proponen ellos el axioma de “la producción” para reconstruir todo el edificio de la economía marxista. Este intento de reconstrucción de la economía marxista en base a la metodología de un paradigma ajeno (la lógica apriorístico- deductiva de los austriacos) es paralelo y parecido al intento efectuado por Oskar Lange de refundar y reconstruir toda la economía marxista basándola en el modelo del equilibrio general walrasiano. Sin embargo, Hollis y Nell no sólo no tienen en cuenta para nada las aportaciones transcendentales de Mises en el campo de la metodología de la economía sino que, además, pasan por alto el axioma mucho más general y evidente del que parten los austriacos (la acción humana), siendo incapaces de demostrar cómo puede reconstruirse a partir del axioma alternativo de la “producción” una Ciencia Económica marxista de forma lógico-deductiva, cosa que, por el contrario, los economistas austriacos sí que han hecho a partir del concepto de acción humana. Por ello, nos tememos que los dos intentos citados de reconstruir la economía marxista al margen de sus fundamentos tradicionales (el de Oskar Lange, basándola en el paradigma neoclásico y en el modelo walrasiano del equilibrio general, y el de Hollis y Nell, basándola en el apriorismo lógico-deductivo propio de la Escuela Austriaca) han fracasado en su intento. Menos riguroso debe ser nuestro juicio respecto del “ensamblaje” de doctrinas keynesianas y marxistas que debemos a Michael ¡Error! Marcador no definido.Kalecki, Estudios sobre la Teoría de los Ciclos Económicos, edit. Ariel, Barcelona, 1970, y Ensayos Escogidos sobre Dinámica de la Economía Capitalista 1930-1970, Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1977. Sobre este autor puede consultarse, igualmente, a Montalvo Rodríguez, Historia y Alienación de las Idea Económicas, ob. cit., pp. 231-235.

(20)Véase Jesús Huerta de Soto, Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, ob. cit, pp. 181 y ss.

(21)Karl Marx, Grundrisse: Foundations of the Critique of Political Economy, Random House, Nueva York, 1973, p. 161.

(22)Ibidem, página 161.

(23)“What distinguishes the worst architect from the best of bees is this, that the architect raises his structure in imagination before he erects it in reality”. Karl Marx, Capital; A Critique of Political Economy, volumen I, “The Process of Capitalist Production”, International Publishers, Nueva York, 1967, p. 178. Como hemos visto, existe una traducción castellana de Wenceslao Roces publicada en Méjico por el Fondo de Cultura Económica en 1946, así como otra mejor de Cristián Fazio impresa en la extinta Unión Soviética por Editorial Progreso, Moscú, 1990, y que en su página 171 (volumen I, sección 3ª, capitulo 5º) traduce esta cita de la siguiente manera: “Lo que distingue desde un comienzo al peor maestro de obra de la mejor abeja es que, antes de construir un panal de cera, lo hace en su cabeza.”

(24)Todas estas consideraciones criticas a la teoría marxista del valor se encuentran analizadas con gran detalle en la obra clásica de Eugen von Böhm-Bawerk, y especialmente en el capítulo 12 titulado “The Exploitation Theory” del volumen I de Capital and Interest (Libertarian Press, South Holland, Illinois, 1959, pp. 241-321; existe una traducción al castellano prologada por Joaquín Reig Albiol y publicada con el título de La Teoría de la Explotación, Unión Editorial, Madrid, 1976). Con carácter adicional, Böhm-Bawerk escribió un artículo dedicado a poner de manifiesto las incoherencias en que había caído Marx al tratar de resolver en el volumen III de El Capital los errores y contradicciones de su teoría de la explotación, tal y como inicialmente había sido desarrollada en el volumen I de la misma obra. Este artículo se titula “Zum Abschluss des Marxchen Systems”, publicado en las pp. 85-205 de Staatswissenschaftliche Arbeiten-Festgaben für Karl Knies zur Fünfundsiebzigsten Wiederkehr, Haering, Berlín, 1896. Yo he utilizado una traducción al inglés publicada con el título de “The Unresolved Contradiction in the Marxian Economic System”, capítulo IV de Shorter Classics of Eugen von Böhm-Bawerk, volumen I, Libertarian Press, South Holland, Illinois, 1982, pp. 201-302. (Existe una traducción al castellano de este artículo publicada con el título de “Una Contradicción no resuelta en el Sistema Económico Marxista”, Libertas, nº 12, Buenos Aires, mayo de 1990, pp. 165-296).

(25)Véanse las pp. 68 y ss. del capítulo II.

(26)Este principio se ilustra hoy, perfectamente, en el mercado mundial de ordenadores, en el que grandes multinacionales como IBM a duras penas pueden competir con un entramado de pequeñas empresas muy especializadas, creativas y dinámicas. Véase, además, M.N. Rothbard, Man Economy and State, Nash Publishing, Los Angeles, 1970, pp. 544-550.

(27)Debemos igualmente a Mises un profundo análisis crítico sobre el polilogismo marxista, de acuerdo con el cual la estructura lógica del investigador varía según la clase social a la que pertenezca, o la conciencia de clase de la que el mismo participe. Mises ha señalado que en ningún lugar Marx aclara en que consiste exactamente la diferencia de estructura lógica de un investigador a otro, así como tampoco indica una definición inequívoca de clase social que pudiera permitir una clasificación de las diferentes estructuras lógicas de los investigadores. Además, como bien señala Mises, tampoco se aclara por qué Marx y el propio Engels, miembros conspicuos de la clase burguesa, tuvieron la “suerte” de poseer una conciencia proletaria, suerte que les fue denegada a otros muchos teóricos de su época. La crítica de Mises a la teoría de la conciencia de clase del investigador y al polilogismo marxista se encuentra incluida en su Human Action, ob. cit., pp. 72-91, en donde también se analiza críticamente la versión racista del polilogismo que desarrollaron los ideólogos nazis.

(28)Ésta es la expresión utilizada por Manuel Montalvo Rodríguez, Historia y Alienación de las Ideas Económicas, ob.cit., p. 247.

(29)Piero Sraffa, Production of Commodities by Means of Commodities, Cambridge University Press, Cambridge, 1960. Traducido al castellano con el título de Producción de Mercancías por medio de Mercancías, Oikos-tau, Barcelona, 1975.

(30)Paradójicamente esta conclusión podría ser aceptada por la propia Escuela Austriaca. En efecto, para los austriacos las funciones y ecuaciones carecen de sentido en economía, el equilibrio es un modelo económico irrelevante y el único objeto de estudio de interés está constituido por los procesos dinámicos de coordinación que son movidos por las valoraciones subjetivas.

(31)Se ha considerado erróneamente que la demostración por Sraffa de la posibilidad del múltiple cambio de técnicas o reswitching invalidaba la teoría austriaca del capital. Sin embargo, el “reswitching” ya fue reconocido por F.A. Hayek en 1940 (The Pure Theory of Capital, Routledge, Londres, 1940, pp. 388-389) y sólo invalida la torpe doctrina Böhm-Bawerkiana del “período medio de producción” o la función de producción neoclásica con técnicas irreversibles. Ahora bien, la posibilidad del “reswitching” no afecta para nada a la teoría puramente prospectiva del capital desarrollada por Hayek, Mises y Lachmann sin hacer referencia para nada al fantasmagórico concepto del pasado período medio de producción. En efecto, una reducción del tipo de interés del 10% al 4% puede alargar las etapas del proceso productivo pasando el equipo capital, por ejemplo, de ser un arado romano a ser un tractor. Una ulterior reducción del 4% al 2% puede de nuevo hacer rentable el arado romano, pero no como sustituto de los tractores en uso (lo cual sería un absurdo) sino respecto del cultivo de tierras que hasta entonces permanecían en barbecho, lo cual, desde la perspectiva austriaca, equivale indudablemente a un nuevo alargamiento del proceso de producción. El error básico del intento de utilizar el “reswitching” contra la Escuela Austriaca radica, por tanto, en basar el análisis en la comparación entre estados de equilibrio distintos con tipos de interés diferentes, y en no considerar que el “reswitching” puede ser el resultado natural del proceso dinámico de alargamiento sucesivo de nuevas etapas productivas en una economía real.

(32)Una breve pero completa exposición y evaluación del modelo de Sraffa la debemos a Francisco Cabrillo, “Piero Sraffa, economista heterodoxo (1898-1983)”, Moneda y Crédito, nº 171, diciembre de 1984, pp. 3-13. E igualmente es de interés el artículo de Fiona C. MacLachlan “The Neo-Ricardians” en The Elgar Companion to Austrian Economics, Peter J. Boettke (ed.), Edward Elgar, Aldershot, 1994, pp. 588-592.