10. La evaluación del curso y del profesor 300

SEGUNDA PARTE
MÉTODO DIDÁCTICO E INVESTIGADOR

CAPÍTULO V
EL MÉTODO DIDÁCTICO E INVESTIGADOR

10. LA EVALUACIÓN DEL CURSO Y DEL PROFESOR

No sólo ha de evaluarse al alumno sino que el profesor debe autoevaluarse de forma crítica y continuada, con la finalidad de identificar los vicios en los que pudiera incurrir, corregirse en sus imperfecciones y mejorar constantemente de manera activa en su labor docente (20). En aras de este objetivo, se incluye en las páginas siguientes un modelo de impreso para la evaluación del curso y del profesor por parte del alumnado, que se ha demostrado de gran utilidad práctica para orientar al profesor sobre la marcha general del curso y permitirle que los alumnos efectúen sus sugerencias y comentarios sobre el mismo con total libertad (el alumno no necesita identificarse a la hora de contestar el cuestionario). Parece conveniente que los alumnos cumplimenten el impreso que comentamos al final de cada trimestre del curso lectivo. Ello permite detectar posibilidades de mejora ya desde el primer trimestre, y llevarlas a la práctica en lo que queda de curso, comprobando a través de los cuestionarios subsiguientes si las modificaciones introducidas han sido o no efectivas.

Los apartados 5 y 6 del cuestionario permiten que los alumnos evalúen a su profesor de una forma sintética, pero bastante práctica y efectiva, en lo que se refiere a su grado de preparación, conocimientos sobre la materia, entusiasmo, etc. Por su parte, el punto 7 permite que el alumno explique desde su punto de vista cuáles son los aspectos más positivos y negativos del curso y del profesor, y el apartado 8 le da una oportunidad para efectuar cualesquiera otros comentarios y sugerencias que estime relevantes.

No puede insistirse lo suficiente en el gran valor práctico que para la mejora de la docencia que imparte el profesor tiene este tipo de cuestionarios cuya utilización, por este motivo, entendemos que debería extenderse con carácter generalizado en la Universidad Española. Afortunadamente, en diversos cursos pasados, la Universidad Complutense ha hecho encuestas a los alumnos muy parecidas a la que se propone en este Proyecto Docente, efectuando una valiosa labor de recogida y tratamiento de la información que, con carácter general, se ha enviado luego a los profesores, para que pudieran conocer y evaluar sus resultados. En las páginas siguientes, y por vía de ejemplo, se reproduce el modelo personal de cuestionario que utilizamos trimestralmente en nuestros cursos, así como los resultados tabulados de los cuestionarios realizados por la Universidad Complutense a los alumnos de los cursos impartidos por el autor de este Proyecto Docente durante los años lectivos de 1988 a 1995 (únicos años en los que se ofrecieron los resultados oficialmente por la Universidad).

Jesús Huerta de Soto
Catedrático de Economía Política
Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

“Sólo podrá reproducirse total o parcialmente el contenido de este trabajo citando expresamente a su autor y al medio en donde fue originalmente publicado (indicado, en su caso, en la sección de bibliografía del Curriculum vitae). A quienes incumplan esta condición les serán aplicados las leyes civiles y penales que correspondan, a parte de las procedentes indemnizaciones por daños y perjuicios”.

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(29) Se trata, en suma, de estar continuamente en guardia para evitar los peligros que se ciñen sobre el profesor y que nadie ha descrito mejor que el propio Gregorio Marañon, para el cual “ninguna actividad sistematizada y repetida influye en la psicología y luego en la vida entera tan hondamente como la rutina de enseñar. Ni la vida del militar ni la del cura son en este sentido comparables a la del catedrático. Enseñar oficialmente, tan a lo largo, es poner cada año en contacto con una generación nueva, abundante y distraída, lo más recogido de nuestra personalidad inmutable y dejar resignadamente que se lo lleven a pedazos. Dar lo mejor nuestro en beneficio de ese monstruo anónimo e inevitablemente ingrato que se llama una promoción. Sentirse envejecer ante un espejo que es cada año más joven y multiplicar por eso, a cada nuevo curso, nuestra decadencia. De aquí las características, cansadas, inelegantes, tristes, muchas veces cómicas, del arquetipo del catedrático”. Gregorio Marañón, Amiel, 5ª edición, Espasa-Calpe, Madrid, 1953, p. 35, y Obras Completas, ob. cit., volumen V, p. 179.