5. La lección ex-cátedra 288

SEGUNDA PARTE
MÉTODO DIDÁCTICO E INVESTIGADOR

CAPÍTULO V
EL MÉTODO DIDÁCTICO E INVESTIGADOR

5. LA LECCIÓN EX-CÁTEDRA

Para evitar que estas lecciones se conviertan en una exposición aséptica y fría de los puntos del programa, debe estimularse al alumno en su trabajo personal de clarificación y aprendizaje, comunicándole los fracasos y avances habidos en el tratamiento de cada Tema, con el fin de suscitar en él la inquietud por la claridad y la precisión que constituyen notas esenciales de la vocación científica universitaria. Con independencia de esto, la denominada “clase magistral” deberá ser preparada con toda minusciosidad, para dotarla de riqueza de contenido, fluidez expositiva, amplitud en la explicación y suficiente refuerzo de las ideas centrales, sin necesidad de caer en reiteraciones demasiado repetitivas. La abundancia de ejemplos, el entusiasmo en la exposición e incluso, en algunas ocasiones, la terapia de shock, pueden llegar a hacer no sólo muy amenas las clases, sino a grabarlas literalmente en la mente de los alumnos, de manera que su contenido no pueda olvidarse con facilidad. Y es que la amenidad y el entusiasmo que puedan imprimirse a cada clase y el partido que el profesor saque de su capacidad expositiva aportarán la diferencia entre la simple calidad y la verdadera excelencia.

Es conveniente que el profesor tenga por lo menos un guión detallado que le permita explicar claramente su propósito, controlar la exposición en todo momento en cuanto a su ordenación y duración y, si una explicación ha de darse en varias sesiones, ello deberá preverse y articularse debidamente. Los medios de exposición deberán ser también convenientemente previstos, así como el tipo de indagación a hacer en el alumno evitando, en todo caso, llegar a una exposición rígida e inflexible. Preceptivamente, la lección siempre debería acabar con una recapitulación y un esquema de la siguiente, a fin de permitir que el alumno siempre sepa dónde se encuentra, de forma que estudie mejor (al adquirirse una visión ordenada y completa) y se prepare la siguiente sesión efectuando las lecturas indicadas, potenciándose y haciéndose con todo ello mucho más fructífera la labor docente.

Las ventajas de la clase magistral estriban en la economía de medios externos que requiere y en su adaptación a grupos numerosos de alumnos, como los que existen en la Universidad Española, así como en la facilidad que supone para iniciarlos en un Tema y en su facilidad de combinación con otros métodos. Por otra parte, es un instrumento flexible, ya que puede cambiarse sobre la marcha si es necesario, da la posibilidad de presentar materiales poco asequibles así como la ocasión de tratar mucho material en un tiempo relativamente reducido. Sus inconvenientes principales son de tipo relativo y consisten, básicamente, en sus limitaciones para alcanzar de la misma forma a todo el alumnado. Por otro lado, en muchos casos, no permite una participación efectiva del alumno y son poco útiles para transmitir conocimientos o habilidades que sean relativamente más prácticos. Para minimizar algunos de estos inconvenientes, pueden impartirse algunas clases específicas de contenido algo más práctico, o bien destinar más tiempo a los problemas concretos, dando ocasión para una mayor participación del alumnado de tipo personal y de carácter más informal. Además, en las clases en las que se da más participación al alumnado existe una menor inhibición y se puede, sin herir sentimientos, preguntar sobre temas ya dados para saber si han sido o no comprendidos y porqué.

Estimamos que las clases magistrales deben ser mantenidas con una periodicidad de tres o cuatro veces por semana, tal y como contempla el vigente Plan de Estudios de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos en lo que se refiere a la disciplina de la Economía Política.
Jesús Huerta de Soto
Catedrático de Economía Política
Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

 

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