Introducción

El tema de mi conferencia hoy es “La Japonización de la Unión Europea”. Me gustaría partir con una observación que Hayek hace en su “Teoría pura del capital” (por cierto, acabamos de publicar una impecable edición española en Unión Editorial que recomiendo a todos ustedes). Dice Hayek, que el mejor test de un buen economista consiste en entender el principio de que demand for commodities is not demand for labor ; este es para Hayek the best test for a good economist. Significa que es un error pensar, como muchos creen, que el simple incremento en la demanda de bienes de consumo da lugar a un incremento en el empleo. Quien piensa así no comprende los rudimentos más elementales de la teoría del capital que explican por qué esto no es así: el crecimiento de la demanda de bienes de consumo siempre va en detrimento del ahorro y de la demanda de bienes de inversión, y como la mayor parte del empleo radica en las etapas de inversión más alejadas del consumo, el simple incremento del consumo inmediato siempre va en detrimento del empleo dedicado a la inversión y, por tanto, del empleo neto.

Yo añadiría a este, mi propio test del buen economista: el test del profesor Huerta de Soto. El test clave para determinar si estamos ante un buen economista de acuerdo con mi criterio (y sin que ello vaya en menoscabo del test de Hayek, que por otro lado está íntimamente relacionado con el mío) consiste en entender por qué es un grave error pensar que la inyección y la manipulación monetarias pueden dar lugar a la prosperidad económica. Es decir, el best test of a good economist according to profesor Huerta de Soto consiste en entender por qué la inyección y la manipulación monetaria nunca son el camino para una prosperidad económica sostenible.

Como es lógico, ni keynesianos ni monetaristas aprobarían ni mi examen ni el de Hayek y, por tanto, suspenderían y no pasarían al segundo curso. Por ejemplo, Keynes nunca entendió que se puede ganar dinero aunque no crezcan las ventas de bienes de consumo. Y es que el beneficio es ingreso menos coste. Y los ingresos pueden estar congelados y no crecer, pero si reduces los costes, puedes ganar dinero. ¿Y cómo se reducen los costes en el margen, en un entorno de normal crecimiento de la economía? Pues sustituyendo la mano de obra relativamente más cara por equipo capital, y ese equipo capital que va a sustituir la mano de obra en las etapas más próximas al consumo lo tiene que producir alguien y genera un volumen de empleo masivo: las máquinas nunca destruyen empleo, al contrario, lo crean y de manera masiva.

Y esto es algo que nunca entendió Keynes que, por lo tanto, habría suspendido tanto el examen de Hayek como el mío. Y lo mismo le habría pasado a uno de los personajes que, junto con Keynes, más daño ha hecho, no solo a nuestra disciplina, la Ciencia Económica, sino también a la sociedad sobre todo porque en su obra A Monetary History of the United States, defendió la idea de que la Gran Depresión de 1929 se produjo como consecuencia de que la Reserva Federal no inyectó la suficiente cantidad de dinero, es decir por no haber intervenido o manipulado lo suficiente la masa monetaria. Me refiero obviamente a Milton Friedman (hoy tan alabado por todos los banqueros centrales defensores de las políticas monetarias ultra laxas) y que tampoco habría aprobado mi test que consiste en entender que la inyección y manipulación monetaria nunca son el camino para la prosperidad económica sostenible.
La historia ilustra una y otra vez lo acertado de la pregunta esencial que planteamos, tanto Hayek como yo, para determinar si un economista de verdad sabe o no de economía. Por ejemplo, tenemos el caso de la afluencia masiva de metales preciosos que tuvo lugar en nuestro país después del descubrimiento de América y que, lejos de generarnos prosperidad, motivó que España se convirtiera en un erial, en un verdadero desierto económico, y que no alcanzara la prosperidad económica de los países de nuestro entorno hasta muchos siglos después. En efecto, la llegada de oro impactó al alza los precios nominales, es decir, hundió el poder adquisitivo de la unidad monetaria en España. Esto hizo que dejaran de ser competitivos los productos españoles y que fuera mucho más barato comprar fuera, por lo que, con la misma rapidez que entraba el oro, salía de nuestras fronteras para pagar importaciones masivas. Y como resultado de este proceso los productos tradicionales de la península Ibérica dejaron de ser competitivos, sus productores se arruinaron y no les quedó más remedio que emigrar. Y recuerden las tres casi únicas posibilidades o salidas profesionales que quedaron en la España de entonces: “Iglesia, mar o Casa Real”. Es decir, hacerse clérigo o meterse en un convento para vivir de las rentas; cruzar el Atlántico “para hacer fortuna” en América o servir al rey como soldado en Flandes. Todo esto explica el tradicional retraso económico de nuestro país, su atonía y subdesarrollo relativo durante siglos.

Otra ilustración histórica es la del surgimiento de la banca con reserva fraccionaria: otro intento, privado en un principio y luego ya en simbiosis con los bancos centrales y autoridades públicas después, para inyectar dinero creyendo que ello es bueno para la economía. Es decir, que la creación a partir de la nada de créditos sin respaldo de ahorro real es algo positivo y favorable, como ha sido defendido por infinidad de economistas, incluso de tanto renombre como Joseph Alois Schumpeter que, por tanto, tampoco aprobaría mi test y suspendería mi examen. Pero sobre la banca con reserva fraccionaria y sus efectos desestabilizadores sobre el sistema económico no vamos a hablar ahora: ya conocen ustedes el contenido de mi libro, Dinero crédito bancario y ciclos económicos y los argumentos esenciales desarrollados en él.

Finalmente, otra ilustración muy clara de la relevancia de nuestro test es la histérica reacción de manipulación e inyección monetarias que ha tenido lugar en el mundo con motivo y a partir de la Gran Recesión del año 2008 y que, además, alcanza su máxima expresión en lo que vamos a denominar enfermedad económica nipona o enfermedad de japonización económica. ¿En qué consiste este síndrome o enfermedad que hemos calificado de enfermedad económica nipona o japonesa? Veremos primeramente sus síntomas, para luego analizarlos a la luz teórica del enfoque analítico de la escuela austríaca. Después comentaremos hasta qué punto esta enfermedad es contagiosa y existe riesgo de contagio a otras áreas económicas concretamente a la de la Unión Europea. Pero antes de comenzar a analizar los síntomas de esta enfermedad veamos cuales son los antecedentes históricos inmediatos de la economía del Japón.

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(1) Texto de la conferencia inaugural pronunciada en el XII Congreso de Economía Austriaca organizado por el Instituto Juan de Mariana y la Universidad Rey Juan Carlos que tuvo lugar en el campus de Vicálvaro de esta última los días 14 y 15 de mayo de 2019.