La denominada Abenomics y los principales síntomas actuales del síndrome de japonización económica

Sería ocioso y aburrido analizar ahora todas las vicisitudes acaecidas a la economía del Japón en estas últimas décadas, pero nos vamos a centrar, y nos viene de perlas como ilustración, en el enésimo y último intento llevado a cabo para impulsar la economía del Japón y que se conoce como Abenomics. Se trata esta de una política económica de más de lo mismo y que se denomina Abenomics por haber sido patrocinada por el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, que utilizó como principal brazo ejecutor de su fracasado intento al gobernador del Banco Central de Japón Haruhiko Kuroda.

¿En qué consistió la Abenomics? Como ya se ha dicho: en hacer más, mucho más, de lo mismo. Si hay algo que caracteriza a la política económica japonesa es que ha utilizado y llevado a la práctica y además, con una enorme ingenuidad y entusiasmo, todo el arsenal de recetas intervencionistas monetarias y fiscales recogidas en los manuales monetaristas y keynesianos, sin lograr nada. En el último capítulo del Abenomics el Banco Central de Japón reinicia una política monetaria, todavía más agresiva si cabe, completamente ya ultra laxa. De hecho las denominadas políticas monetarias no convencionales tienen su origen no en la Reserva Federal, sino, y a partir de marzo del 2011, precisamente en la actuación pionera de cuantitative easing del Banco Central de Japón. Todo esto se combina con una dosis adicional, aún más grande y desproporcionada que las anteriores, de gasto público, con lo que se dispara el déficit fiscal. Y a esta receta de más de lo mismo, es a lo que se han dedicado sus responsables para sacar a Japón de su letargo. Pues bien, salvo una efímera “mejora” económica que tuvo su origen en la depreciación del yen y que en un primer momento impulsó algo las exportaciones, enseguida volvió otra vez la atonía. En suma, no se logró nada, salvo hacer del Japón la economía más endeudada del mundo.

En efecto, la deuda pública del Japón es el 250% de su PIB. Se dice pronto, pero aquí en Europa estamos criticando a Portugal e Italia que tienen entre un 120 y un 135% de endeudamiento, o el 180% de Grecia. Es decir, casi la mitad del endeudamiento de Japón con un 250% de su PIB. Y en cuanto al déficit anual de las cuentas públicas japonesas, no es el tres por ciento establecido por ejemplo como límite en la Eurozona, ni siquiera el cuatro, ni el cinco; Japón tiene un seis por ciento de déficit anual en sus cuentas públicas y todo ello con un crecimiento económico casi plano. Es decir, nos encontramos ante una atonía económica evidente y con una inflación, de la que vamos a hablar después, muy reducida: los tipos de interés entorno a cero o incluso negativos, una inflación del uno por ciento y aparentemente “pleno” empleo (con un volumen muy grande de desempleo encubierto y pérdidas constantes de productividad y capacidad competitiva).

Utilizando un término militar: en Japón se ha gastado ya toda la munición intervencionista disponible y no solo no se ha logrado nada, sino que el resultado ha sido contraproducente y decepcionante. Se ha probado todo lo que se podía probar y no se ha conseguido ningún objetivo palpable. Y ahora la pregunta clave es: ¿por qué no se ha logrado nada? Y la respuesta es clara: porque no se ha introducido, durante todas estas décadas, ninguna reforma estructural de liberalización económica, de liberalización del mercado de trabajo, de desregulación de un intervencionismo asfixiante a todos los niveles, de reducción impositiva generalizada, de saneamiento y equilibrio de las cuentas públicas, ni de reducción del gasto público.

Y siendo todo este resultado muy penoso, sin embargo el principal mensaje de mi intervención hoy es que, esta enfermedad japonesa, este síndrome de enfermedad nipona, puede fácilmente contagiarse y llegar a ser algo no exclusivo del Japón. Es decir, que este escenario de japonización puede llegar a afectar a cualquier otra economía en la que se den las mismas condiciones y se reaccione de la misma manera. A saber, un entorno muy rígido de falta de flexibilidad económica, en el que los empresarios no sean capaces de recuperar la necesaria confianza agobiados por la regulación, los impuestos, la intervención y persecución del Estado y todo ello acompañado de una gran manipulación monetaria y fiscal. Siempre que se den estos dos condicionantes, rigidez institucional y manipulación monetaria y fiscal, se está dando, en términos médicos, el marco más adecuado para que se incube la infección de la enfermedad nipona que estamos comentando. Pero antes de analizar si existe el riesgo de que esto suceda en el ámbito de la Unión Europea, vamos a hacer con carácter previo unas reflexiones desde el punto de vista analítico que nos permitan interpretar mejor lo que puede llegar a pasar (si es que no esta pasando ya). En concreto, ¿qué dice la teoría económica de la escuela austriaca sobre estos fenómenos relativos al síndrome nipón de enfermedad de japonización de la economía?