3. Contestaciones a algunas críticas y comentarios

A continuación vamos a proceder a contestar algunos comentarios críticos que habitualmente se efectúan al paradigma austríaco y que, por las razones que vamos a exponer, creemos que carecen de fundamento. Las críticas más comunes que se efectúan a los austríacos son las siguientes:

“Ambos enfoques (el austríaco y el neoclásico) no son excluyentes sino, más bien, complementarios.”

Ésta es la tesis mantenida por aquellos autores neoclásicos que quieren mantener una posición ecléctica no abiertamente opuesta a la Escuela Austriaca. Sin embargo, los austríacos consideran que en general esta tesis no es sino una desafortunada consecuencia del nihilismo que es propio del pluralismo metodológico, según el cual todo método vale y el único problema de la Ciencia Económica consiste en elegir el método más adecuado para cada problema concreto. En contra de esta tesis, consideramos que la misma no es sino un intento de inmunizar al paradigma neoclásico frente a los potentes argumentos críticos que le ha lanzado la metodología austriaca. La tesis de la compatibilidad tendría fundamento si el método neoclásico (basado en el equilibrio, la constancia y el concepto estrecho de racionalidad) correspondiera a la forma real en que los seres humanos actúan y no tendiera, como creen los austríacos, a viciar en gran medida el análisis teórico. De ahí la gran importancia de reelaborar las conclusiones teóricas neoclásicas, pero siguiendo la metodología subjetivista y dinámica de los austríacos, con la finalidad de ver cuáles de las conclusiones teóricas neoclásicas siguen siendo válidas y cuáles hay que abandonar por incorporar vicios teóricos en su análisis. El método neoclásico desde el punto de vista austríaco es esencialmente erróneo y, por tanto, hace que el analista incurra en graves riesgos y peligros que tienden a alejarle de la verdad (27).

Finalmente, recordemos que de acuerdo con la teoría de Hayek sobre la jerarquía de órdenes espontáneos según su grado de complejidad, un determinado orden puede explicar, englobar y dar cuenta de órdenes relativamente más sencillos que él. Pero lo que no cabe concebir es que un orden relativamente simple englobe y dé cuenta de otros que estén compuestos por un sistema de categorías más complejo (28).

Aplicando esta concepción hayekiana al ámbito metodológico, cabe concebir que el enfoque austríaco, relativamente más rico, complejo y realista, pueda subsumir y englobar al enfoque neoclásico, que podría aceptarse al menos en aquellos casos relativamente poco frecuentes en los que los seres humanos opten por desarrollar un comportamiento más reactivo y estrechamente maximizador. Pero lo que no cabe concebir es que se puedan incorporar en el paradigma neoclásico realidades humanas que, como la de la empresarialidad creativa, superan con mucho su esquema conceptual de categorías. El intento de forzar dentro del corsé neoclásico las realidades subjetivas del ser humano que estudian los austríacos lleva indefectiblemente bien a la burda caricaturización de las mismas, bien a la saludable quiebra del enfoque neoclásico, desbordado por el esquema conceptual más complejo, rico y explicativo propio del punto de vista austríaco.

“Los austríacos no debieran criticar a los neoclásicos por utilizar supuestos simplificados que ayudan a entender la realidad.”

Frente a este argumento, tan comúnmente utilizado, los economistas austríacos contestan que una cosa es que un supuesto sea simplificado y otra, muy distinta, es que el supuesto sea completamente irreal. Lo que los austríacos realmente echan en cara a los neoclásicos no es que sus supuestos sean simplificados sino, precisamente, que son contrarios a la realidad empírica de cómo se manifiesta y actúa el ser humano (de manera dinámica y creativa). Es, por tanto, la irrealidad (que no la simplificación) esencial de los supuestos neoclásicos la que tiende, desde el punto de vista austríaco, a hacer peligrar la validez de las conclusiones teóricas que éstos creen alcanzar en el análisis de los diferentes problemas de economía aplicada cuyo estudio emprenden.

“Los austríacos fracasan a la hora de formalizar sus proposiciones teóricas.”

Éste es, por ejemplo, el único argumento en contra de la Escuela Austriaca que expone Stiglitz en su reciente tratado crítico sobre los modelos de equilibrio general (29). Ya hemos explicado con anterioridad las razones por las que, desde un principio, la mayoría de los economistas austríacos han sido muy recelosos del uso del lenguaje matemático en nuestra ciencia. Para los economistas austríacos el uso del formalismo matemático es un vicio más que una virtud, pues consiste en un lenguaje simbólico que se ha venido construyendo a instancias de las exigencias del mundo de las ciencias naturales, de la ingeniería y de la lógica, en todos los cuales el tiempo subjetivo y la creatividad empresarial brillan por su ausencia, por lo que tiende a ignorar las características más esenciales de la naturaleza del ser humano que es el protagonista de los procesos sociales que los economistas deberían estudiar. Así, por ejemplo, el propio Pareto se pone en evidencia y delata este grave inconveniente del formalismo matemático cuando reconoce que todo su enfoque se efectúa de espaldas al verdadero protagonista del proceso social (el ser humano) y que a efectos de su análisis de economía matemática, “the individual can disappear, provided he leaves us his photograph of his tastes” (30).

En todo caso, queda pendiente que los matemáticos den respuesta (si pueden) al desafío de concebir y desarrollar toda una nueva “matemática” que sea capaz de dar entrada a y permita el análisis de la capacidad creativa del ser humano con todas sus implicaciones, sin recurrir por tanto a los postulados de constancia que proceden del mundo de la física y a impulso de los cuales se han desarrollado todos los lenguajes matemáticos que hasta ahora conocemos. En nuestra opinión, no obstante, el lenguaje científico ideal para dar entrada a esta capacidad creativa es, precisamente, el que los propios seres humanos han venido creando de forma espontánea en su diario quehacer empresarial y que se plasma en los distintos idiomas y lenguajes verbales que hoy imperan en el mundo.

“Los austríacos producen muy pocos trabajos de tipo empírico.”

Esta es la crítica más común que los empiristas hacen a la Escuela Austríaca. Aunque los austríacos dan una extraordinaria importancia al papel de la historia, reconocen que su ámbito de actividad científica se desarrolla en un campo muy distinto, el de la teoría, que es preciso conocer con carácter previo antes de aplicarla a la realidad o de ilustrarla con hechos históricos. Para los austríacos, por el contrario, existe un exceso de producción de trabajos empíricos y una escasez relativa de estudios teóricos que sean capaces de permitirnos entender e interpretar lo que sucede en la realidad. Además, los supuestos metodológicos de la escuela neoclásica (equilibrio, maximización y constancia en las preferencias), aunque en apariencia faciliten la realización de estudios empíricos y el “contraste” de determinadas teorías, ocultan en muchas ocasiones cuáles son las relaciones teóricas correctas, por lo que pueden inducir a graves errores teóricos y de interpretación de lo que en realidad está sucediendo en cada momento o circunstancia concreta de la historia.

“Los austríacos renuncian a la predicción en el ámbito de la economía.”

Ya hemos visto cómo los teóricos austríacos son muy humildes y prudentes respecto a las posibilidades de predecir científicamente lo que habrá de ocurrir en el ámbito económico y social. Más bien se preocupan de construir un esquema o arsenal de conceptos y leyes teóricas que permitan interpretar la realidad y ayuden a los seres humanos que actúan (empresarios) a tomar decisiones con mayores posibilidades de éxito. Aunque las “predicciones” de los austríacos sean tan sólo cualitativas y tan sólo se efectúen en términos estrictamente teóricos, se da sin embargo la paradoja de que en la práctica, al ser los supuestos de su análisis mucho más realistas (procesos dinámicos y de creatividad empresarial), sus conclusiones y teorías en comparación con las elaboradas por la Escuela Neoclásica, incrementan mucho las posibilidades de predecir con éxito en el ámbito de la acción humana (31).

“Los austríacos carecen de criterios empíricos para validar sus teorías.”

De acuerdo con esta crítica, que es a menudo realizada por aquellos empiristas afectados del complejo del apóstol Santo Tomás según el cual “si no lo veo no lo creo”, solamente recurriendo a la realidad empírica puede uno llegar a estar seguro de cuáles teorías económicas no son correctas (32). Como ya hemos visto, este punto de vista ignora que en economía la “evidencia” empírica jamás es incontrovertible pues se refiere a fenómenos históricos de naturaleza compleja que no permiten experimentos de laboratorio, en los que se aíslen los fenómenos relevantes y se dejen constantes todos los demás aspectos que puedan influir. Es decir, las leyes económicas son siempre leyes ceteris paribus, pero en la realidad histórica jamás se da este supuesto. De acuerdo con los austríacos, la validación de las teorías es perfectamente posible de efectuar mediante la continua depuración de vicios en la cadena de razonamientos lógico-deductivos, el análisis y la revisión de los diferentes eslabones del proceso de desarrollo lógico-deductivo de las diferentes teorías y la utilización del máximo cuidado cuando, llegado el momento de aplicar las teorías a la realidad, haya que evaluar si los supuestos de las mismas se dan o no en el caso histórico concreto analizado. Dada la uniforme estructura lógica de la mente humana, esta continuada actividad de validación que proponen los austríacos es más que suficiente para llegar a un acuerdo intersubjetivo entre los diferentes protagonistas de la labor científica, acuerdo que, sin embargo, y a pesar de las apariencias, en la práctica es mucho más difícil de lograr en relación con los fenómenos empíricos que siempre son susceptibles, dado su carácter complejísimo, de las más diversas interpretaciones.

 

La acusación de “dogmatismo”.

Ésta es una acusación que, en gran medida, y gracias al notable resurgir de la Escuela Austriaca y a su mejor comprensión por parte de la profesión de economistas, afortunadamente está siendo cada vez menos utilizada. Sin embargo, en el pasado muchos economistas neoclásicos han caído en la fácil tentación de descalificar globalmente todo el paradigma austríaco tachándolo de “dogmático”, sin entrar a estudiar con detalle sus diferentes aspectos ni procurar contestar a las críticas que el mismo planteaba (33).

Bruce Caldwell es especialmente crítico con esta actitud neoclásica consistente en despreciar y ni siquiera considerar las posiciones de los metodólogos austríacos, calificándola asimismo de dogmática y anticientífica, y llegando a la conclusión de que desde el punto de vista científico no está justificada en forma alguna (34). Y en relación con la postura de Samuelson, Caldwell se pregunta: “¿Cuáles son las razones que están detrás de esta casi anticientífica respuesta a la praxeología? Desde luego denotan un recelo práctico: el capital humano de la mayoría de los economistas se vería drásticamente reducido y devendría obsoleto si la praxeología se hiciera operativa en la disciplina con carácter general. Pero la principal razón por la que se rechaza la metodología de Mises no es tan pragmática. Brevemente, la preocupación de los austríacos por los ‘fundamentos últimos’ de la Ciencia Económica deben parecerles sin sentido, si no perversa, a todos aquellos economistas que disciplinadamente aprendieron su metodología de Friedman y que por tanto están seguros de que los supuestos no importan y de que la predicción es la clave … Con independencia de los motivos, esta reacción contra la praxeología por parte del paradigma dominante ha sido dogmática y, en su esencia, anticientífica” (35).

Más arrogante y dogmática aún es, si cabe, la forma habitual que tienen los economistas neoclásicos de presentar lo que ellos consideran que es el punto de vista esencial de la economía, centrándolo exclusivamente en base a los principios del equilibrio, la maximización y la constancia en las preferencias. De esta manera pretenden arrogarse el monopolio en la concepción de lo que sea “lo económico”, extendiendo la ley del silencio respecto de otras concepciones alternativas que, como la representada por los austríacos, les disputan el campo de la investigación científica con un paradigma mucho más rico y realista. Esperamos que, por el bien del desarrollo futuro de nuestra disciplina, este dogmatismo encubierto vaya desapareciendo paulatinamente en el futuro (36).

Por fortuna, recientemente algunos autores neoclásicos han empezado a reconocer lo estrecho y restrictivo de su tradicional concepción de “lo económico”. Así, Stiglitz ha llegado a afirmar que “the criticism of neoclassical economics is not only that it fails to take into account the broader consequences of economic organization and the nature of society and the individual, but that it focuses too narrowly on a subset of human characteristics – self-interest, rational behaviour…” (37) Sin embargo, esta concepción más abierta todavía no se ha generalizado, por lo que los neoclásicos en general se están ganando a pulso la acusación de “imperialismo científico”, al pretender extender su estrecho concepto de racionalidad a ámbitos que, como los de la familia, la criminalidad y el análisis económico del derecho, cada vez son más amplios y en este sentido, Israel M. Kirzner recientemente ha manifestado que “modern economists have seemed to permit the narrowest formulations of the rationality assumption to dictate social policy in what critics could easily perceive to be a highly dangerous fashion. It is not surprising that all this has stimulated sharply critical reaction” (38).


Jesús Huerta de Soto
Catedrático de Economía Política
Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

“Sólo podrá reproducirse total o parcialmente el contenido de este trabajo citando expresamente a su autor y al medio en donde fue originalmente publicado (indicado, en su caso, en la sección de bibliografía del Curriculum vitae). A quienes incumplan esta condición les serán aplicados las leyes civiles y penales que correspondan, a parte de las procedentes indemnizaciones por daños y perjuicios”. _____________________________________

(27) Por esta misma razón, tampoco es aceptable la tesis de Barry Smith (Austrian Philosophy: The Legacy of Franz Brentano, Open Court, Illinois 1994, pp. 330-331), según la cual la metodología austriaca sería la adecuada para establecer los fundamentos básicos de la disciplina, mientras que el empirismo neoclásico se ocuparía sobre todo de los problemas propios de la economía aplicada. De nuevo, este enfoque de Barry Smith sería correcto si la metodología cientista de los neoclásicos no tendiera a ocultar los problemas de verdadero interés y a generar vicios en el análisis teórico que condicionan en gran medida la validez de sus conclusiones.

(28) F.A. Hayek, The Sensory Order, University of Chicago Press, Chicago 1952.

(29) Joseph E. Stiglitz, Whither Socialism?, The MIT Press, Cambridge, Massachusetts 1994. Stiglitz llega incluso a titular una sección de su libro “Hayek versus Stiglitz” (pp. 24-26). Lamentablemente, Stiglitz pretende reconstruir los modelos neoclásicos utilizando una metodología basada en el equilibrio y el lenguaje formalizado, con lo que fracasa, desde el punto de vista austriaco, a la hora de evitar los errores metodológicos de aquellos modelos que el propio Stiglitz está criticando. Véase el artículo de Stephen Sullivan “Signifying Nothing: A Review Essay of Joseph Stiglitz’ Whither Socialism?”, Advances in Austrian Economics, vol. III, Jay Press, 1996, pp. 183-189.

(30) “El individuo puede desaparecer, siempre y cuando nos deje una fotografía de sus gustos”. Vilfredo Pareto, Manual of Political Economy, Augustus M. Kelley, Nueva York 1971, p. 120. Pareto se está refiriendo concretamente al instrumental de las curvas de indiferencia-preferencia cuya utilización, en nuestra opinión, es muy negativa en la Ciencia Económica por no reconocer el cáracter secuencial y diacrónico de todas las acciones humanas, no tener en cuenta que el ser humano sólo se plantea las combinaciones que se considera más adecuadas de cara a cada fin concreto (lo indiferente no conlleva acción humana alguna), ni recoger adecuadamente el universal y más relevante fenómeno de la complementariedad de los bienes.

(31) Dos ejemplos de lo que decimos son la “predicción” de la caída del socialismo real implícita en el análisis misiano sobre la imposibilidad del socialismo y la predicción que efectuaron los austriacos de la Gran Depresión de 1929. Ninguno de estos dos transcendentales hechos históricos fueron predichos por los economistas neoclásicos. Véase en este sentido Mark Skousen, “Who Predicted the 1929 Crash?”, en The Meaning of Ludwig von Mises, Jeffrey M. Herbener (ed.), Kluwer Academic Publishers, Amsterdam 1993, pp. 247-284. Lionel Robbins, en su “Introducción” a la primera edición de Prices and Production de F.A. Hayek (Routledge, Londres 1931, p. xii), se hizo eco de la predicción efectuada por Mises y Hayek del inexorable advenimiento de la Gran Depresión, como resultado de los desmanes monetarios y crediticio cometidos en los “felices años veinte” y que apareció expresamente en un artículo de Hayek publicado en 1929 en los anales del Instituto Austriaco para la Investigación del Ciclo Económico. Esta predicción austriaca contrasta con el optimismo de los neoclásicos (Keynes y monetaristas como Fisher) que incluso pocos meses antes del Crash aún afirmaban públicamente que el “auge” económico de los años veinte y la euforía bursátil que le caracterizó se mantendrían indefinidamente.

(32) Este es el caso, entre nosotros, del distinguido profesor Pedro Schwartz Girón.

(33) Véase, por ejemplo, las duras observaciones de Samuelson, que llegó incluso al exceso de afirmar que la existencia de los economistas austriacos “le hacía temblar por la reputación de nuestra Ciencia” (The Collected Scientific Papers of Paul A. Samuelson, R.C. Merton (ed.), The MIT Press, Cambridge, Massachusetts 1972, vol. III, p. 761). Y también las acusaciones contra la Escuela Austriaca vertidas por Mark Blaug en su libro The Methodology of Economics, Cambridge University Press, Cambridge y Londres 1980, pp. 91-93. Sin embargo, y como veremos más adelante, recientemente Mark Blaug ha ido cambiando paulatinamente su posicionamiento, orientándose cada vez más hacia los postulados de la Escuela Austriaca, si no en su metodología deductiva, sí al menos en su aceptación del enfoque dinámico-empresarial y en su crítica del modelo de equilibrio del paradigma neoclásico-walrasiano.

(34) Para Caldwell la reacción de Blaug y otros “is itself dogmatic and, at its core, anti-scientific”. Véase Bruce J. Caldwell, Beyond Positivism: Economic Methodology in the Twentieth Century, Routledge, Londres 1994, p. 119.

(35) Bruce J. Caldwell, Beyond Positivism, ob. cit., p. 118-119.

(36) Un botón de muestra de este perjudicial hábito neoclásico de arrogarse la completa exclusividad en la correcta concepción de lo que sea “lo económico” puede ser el discurso de recepción del Premio Nobel de Gary Becker, “The Economic Way of Looking at Behaviour”, reproducido como cap. 26 en The Essence of Becker, Ramón Febrero y Pedro S. Schwartz (eds.), Hoover Institution, Stanford University, Stanford 1995, pp. 633-658.

(37) J.E. Stiglitz, Whither Socialism?, ob. cit., p. 273. La traducción de esta cita es la siguiente: “La crítica de la economía neoclásica es no sólo que fracasa a la hora de tener en consideración las consecuencias más amplias de la organización económica y la naturaleza de la sociedad y el individuo, sino además que enfoca muy estrechamente lo que no es sino un subconjunto de las características humanas: el comportamiento egoísta y racional”.

(38)“Los economistas modernos han permitido que las formulaciones más estrechas del supuesto de racionalidad dictaran la política social de una forma altamente peligrosa de acuerdo con sus críticos. No es sorprendente que todo esto haya estimulado la más aguda reacción crítica”. Israel M. Kirzner, The Meaning of the Market Process: Essays in the Development of Modern Austrian Economics, Routledge, Londres 1992, p. 207. Sin embargo, la acusación de imperialismo no está justificada cuando se refiere exclusivamente al ámbito de aplicación de la Ciencia Económica y no al uso del enfoque neoclásico: también desde el punto de vista austriaco, al concebirse la economía como una teoría general de la acción humana, se considera aplicable en todos los ámbitos en que el ser humano actúe. Solamente cuando se quiere aplicar la concepción basada en el homo oeconomicus neoclásico estrechamente racional, la acusación de imperialismo pasa a estar claramente justificada, no en cuanto al ámbito de aplicación del punto de vista económico correctamente entendido, sino en cuanto al intento neoclásico de aplicar el enfoque estrechamente racionalista a todos los ámbitos humanos.