4. Conclusión

La caída del socialismo real y la crisis del Estado del Bienestar, entendidos como los intentos más ambiciosos de ingeniería social llevados a cabo por el ser humano en este siglo, habrán de tener un profundo impacto sobre la futura evolución del paradigma neoclásico que hasta ahora ha sido dominante. Y es que es evidente que algo crítico ha fallado en la economía neoclásica cuando un hecho tan transcendental no ha podido ser ni analizado ni previsto adecuadamente por la misma con carácter previo. Así, el neoclásico Sherwin Rosen ha terminado reconociendo que “the collapse of central planning in the past decade has come as a surprise to most of us”(39). Por fortuna no es preciso empezar metodológicamente desde cero: gran parte de los instrumentos analíticos que son necesarios para reconstruir la Ciencia Económica por un sendero más realista ya se encuentran articulados y perfeccionados por los teóricos de la Escuela Austriaca que los han elaborado, explicado, defendido y depurado a lo largo de los sucesivos debates en los que se han visto enfrentados a los teóricos del paradigma neoclásico. Alguno de éstos, como Mark Blaug, han sido muy valientes y recientemente han declarado su apostasía del modelo de equilibrio general y del paradigma estático neoclásico-walrasiano, concluyendo que: “I have come slowly and extremely reluctantly to view that they [the Austrian School] are right and that we have all been wrong” (40). Además, la saludable influencia de las actuales circunstancias ha empezado a notarse en el paradigma dominante en una serie de investigaciones (teoría de las subastas, de los mercados financieros, teoría de la información imperfecta, de los organismos industriales, y de las interacciones estratégicas). Sin embargo, son precisas unas palabras de advertencia sobre estos recientes desarrollos: en la medida en que los mismos se limiten a introducir supuestos algo más realistas pero manteniendo intacta la metodología neoclásica, posiblemente asistiremos a la sustitución de una serie de modelos metodológicamente viciados por otros igualmente erróneos. En nuestra opinión solamente la introducción a los nuevos campos del enfoque dinámico basado en los procesos de mercado, en el subjetivismo y en la creatividad empresarial que han desarrollado los austríacos permitirá impulsar de manera fructífera el desarrollo de la Ciencia Económica en la nueva etapa que ahora se inicia.

 

Jesús Huerta de Soto
Catedrático de Economía Política
Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

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(39) “El colapso de la planificación central en la pasada década fue una sorpresa para la mayoría de nosotros”. Sherwin Rosen, “Austrian and Neoclassical Economics: Any Gains from Trade?”, manuscrito pendiente de publicación presentado ante la Reunión General de la Mont Pèlerin Society, 8-13 Septiembre 1996, Viena, p. 10. Otro sorprendido fue el propio Ronald H. Coase para el cual “Nothing I’d read or known suggested that the collapse was going to occur”. “Looking for Results”, interviú a Ronald Coase por Thomas W. Hazlett, Reason: Free Minds and Free Markets, Enero 1997, p. 45.

(40) “De forma lenta y extremadamente reacia he llegado a darme cuenta de que ellos [la Escuela Austríaca] están en lo cierto y de que todos los demás hemos estado equivocados”. Véase Appraising Economic Theories, Mark Blaug y Neil de Marchi (eds.), Edward Elgar, Londres 1991, p. 508. Más recientemente aún, en el Economic Journal (noviembre de 1993, p. 1571), se ha referido de nuevo Blaug al paradigma neoclásico, en relación con su aplicación para justificar el sistema socialista como algo “so administratively naive as to be positively laughable. Only those drunk on perfectly competitive static equilibrium theory could have swallowed such nonsense. I was one of those who swallowed it as a student in the 1950s and I can only marvel now at my own dim-wittedness”.